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EXORCISMO DE SAN MIGUEL ARCANGEL (PAPA LEON XIII)

| miércoles, 20 de marzo de 2013
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EXORCISMO CONTRA SATANÁS
Y LOS ÁNGELES REBELDES
Publicado por orden de Su Santidad León XIII
 

Primero debe rezarse, como todos los días el Rosario de la Virgen y después el Exorcismo del Papa León XIII.
¡Todos los días!
 
Jesús nos dice lo siguiente:
 
Hijos míos: haced el Exorcismo de mi amado Arcángel Miguel, dictado a mi siervo el Papa León XIII, todas las veces que podáis y propagad su devoción. Si supierais hijos míos las gracias y la protección que os brindo a través de esta poderosa armadura, ¡si lo supierais!, ¡entonces la utilizaríais más frecuentemente y propagaríais su devoción!
 
Yo, vuestro Padre, a través de mi amado Arcángel Miguel., expulso y protejo de toda fuerza del mal a todos aquellos que hagan y propaguen su devoción. De los lugares donde se practique esta devoción el demonio huirá y ninguna fuerza del mal os podrá tocar.



Todo aquel que ore con fe y en gracia de Dios el exorcismo de mi Amado Arcángel, se convierte en soldado de mi ejército aquí en la tierra; es poderosa armadura contra el ejército de Satanás y sus demonios; hacedlo después del rezo del Santo Rosario, para que veáis cuán grande poder os doy. Pregonad su devoción y os concederé indulgencias especiales. Os lo prometo.

Todo aquel que practique esta devoción tendrá la protección de mi Arcángel Miguel, y él, mi amado Príncipe, lo acompañará en todos sus caminos. Ni los demonios, ni las pestes, ni las tragedias, ni las catástrofes, ni las tempestades, ni el hambre, tocarán a las puertas de aquellos que oren con el exorcismo.
 
Mi Arcángel será intercesor en esta vida y en la eternidad de todos aquellos que sean sus devotos. Hacedlo extensivo a vuestros familiares, parientes, vecinos, amigos y en general al mundo entero, para que las fuerzas del mal sean desterradas de la faz de la tierra. Uníos en oración al Corazón Inmaculado de María y a mis Ejércitos Celestiales; rezad el Santo Rosario y luego haced el Exorcismo, para que permanezcáis en victoria. Acordaos que el tiempo está cerca, sed verdaderos guerreros combatiendo junto a vuestra Madre María y a mis Ejércitos Celestiales. Sed devotos de mi Arcángel y Él, os asistirá en todas vuestras batallas espirituales. Estad pues hijos míos en gracia de Dios al orar con esta armadura y os brindaré grandes victorias sobre toda fuerza del mal.


 
San Miguel nos dice lo siguiente:
 
Hermanos: Cada vez que oréis con mi exorcismo, llamadme primero tres veces, con mi grito de combate:
 
"¡Quién es como Dios!
Nadie es como Dios”
 
Y yo vendré con la velocidad del pensamiento a asistiros en vuestra lucha espiritual. No temáis hermanos, haced mi exorcismo; soy Yo vuestro hermano Miguel y los Arcángeles y Ángeles del Reino de mi Padre los que combatimos por vosotros; por lo tanto, no temáis, estamos para serviros, protegeros y amparos de todo mal y peligro.
 
Yo, Miguel, Príncipe de los ejércitos de mi Padre, os prometo que seré amigo e intercesor en esta vida y en la llegada a la eternidad de todos aquellos que oren y propaguen la devoción de mi exorcismo. No dejaré que ninguno de mis devotos se pierda y lo mismo haré con sus familias. Cuando llegue su hora, los llevaré a la Gloria de Dios y los presentaré ante mi Padre, sin que tengan que pasar por el Juicio de Dios.
 
Hermanos, os pido que al hacer mi exorcismo incluyáis las almas de los pecadores que en más peligro estén de condenarse, y las almas de los moribundos que estén en pecado mortal. Si oráis por ellas, yo intercederé ante mi Padre para que no se pierdan. Esas almas rescatadas del fuego del infierno os lo agradecerán y serán intercesoras vuestras cuando alcancen la Gloria de Dios. Orad también con mi exorcismo por la conversión de los pecadores, por la Iglesia y los Sacerdotes, para que nosotros, a través de vuestras oraciones y súplicas y por la Gracia de mi Padre, expulsemos a Jezabel (personaje bíblico) y Asmodeo (demonio que aparece en La Biblia), que están apartando a los Pastores de la Iglesia del camino del evangelio. Orad también por la paz del mundo, tan amenazada en vuestro tiempo y muy especialmente, orad por el triunfo del Inmaculado Corazón de Nuestra Señora y Reina María. Si nos llamáis, vendremos en vuestro auxilio; entended hermanos que mi Padre respeta vuestro libre albedrío, es por eso, por lo que debéis de orar y orar y más especialmente en estos tiempos de tanta oscuridad.


No olvidéis hermanos, orar con mi armadura en Gracia de Dios (confesados y comulgando), uniéndoos al Corazón Inmaculado de Nuestra Señora y Reina María, a Mí, y a los ejércitos celestiales, para que juntos desterremos de la faz de la tierra toda fuerza del mal.

“Gloria a Dios en el cielo” Aleluya, Aleluya, Aleluya.
 

El Exorcismo de León XIII
 
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo



Salmo 67.

Levántese Dios y sean dispersados sus enemigos y huyan de su presencia los que le odian. Como se disipa el humo se disipen ellos, como, se derrite la cera ante el fuego, así perecerán los impíos ante Dios.

Salmo 34.

Señor, pelea contra los que me atacan; combate a los que luchan contra mí. Sufran una derrota y queden avergonzados los que me persiguen a muerte. Vuelvan la espalda llenos de oprobio los que maquinan mi perdición. Sean como polvo frente al viento cuando el Ángel del Señor los desbarate. Sea su camino oscuro y resbaladizo, cuando el Ángel del Señor los persiga.
Porque sin motivo me tendieron redes de muerte, sin razón me abrieron trampas mortales.
Que les sorprenda un desastre imprevisto, que los enrede la red que para mí escondieron; que caigan en la misma trampa que me abrieron. Mi alma se alegra con el Señor y gozará de su salvación. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
 
Amén.
 


 
Súplica a San Miguel Arcángel.



Gloriosísimo príncipe de la milicia celestial,
Arcángel San Miguel,
defiéndenos en la lucha que mantenemos combatiendo “contra los principados y potestades,
contra los caudillos de este mundo tenebroso,
contra los espíritus malignos esparcidos por los aires”
(Ef. 6, 12). Ven en auxilio de los hombres que Dios creó incorruptibles a su imagen y semejanza (Sap. 2, 23),
y a tan “alto precio rescatados” (I Cor. 6, 20)
de la tiranía del demonio.
 
Con las huestes de los ángeles buenos
pelea hoy los combates del Señor,
como antaño luchaste contra Lucifer,
corifeo de la soberbia y contra sus ángeles apóstalas.
Ellos no pudieron vencer, y perdieron su lugar en el Cielo.
 
“Fue precipitado el gran dragón,
la antigua serpiente el denominado diablo
y Satanás, el seductor del universo: fue precipitado a la tierra y con él fueron arrojados sus ángeles” (Apoc. 12,.8-9).

He aquí que el antiguo enemigo
y homicida se ha erguido con vehemencia.
Disfrazado de “ángel de luz” (II Cor. 11, 14)
 con la escolta de todos los espíritus malignos
rodea e invade la tierra entera, y se instala en todo lugar,
con el designio de borrar allí el nombre de Dios
y de su Cristo, de arrebatar las almas
destinadas a la corona de la gloria eterna,
de destruirlas y perderlas para siempre.
 
 Como el más inmundo torrente,
el maligno dragón derramó sobre los hombres
de mente depravada y corrompido corazón,
el veneno de su maldad:
el espíritu de la mentira, de la impiedad
y de la blasfemia; el letal soplo de la lujuria,
de todos los vicios e iniquidades.

Los más taimados enemigos
han llenado de amargura a la Iglesia,
esposa del Cordero Inmaculado,
 le han dado a beber ajenjo,
han puesto sus manos impías
sobre todo lo que para Ella es más querido.
 
Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro
y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones,
 ellos han erigido el trono de la abominación
de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor,
pueda dispersarse la grey.
 
Oh invencible adalid, ayuda al pueblo de Dios
contra la perversidad de los espíritus
que le atacan y dale la victoria.

La Iglesia te venera como su guardián y patrono,
se gloría que eres su defensor
contra los poderes nocivos terrenales e infernales;
Dios te confió las almas de los redimidos
para colocarlos en el estado de la suprema felicidad.
 
Ruega al Dios de la paz
que aplaste al demonio bajo nuestros pies,
para que ya no pueda retener cautivos
a los hombres y dañar a tu Iglesia.
 
Ofrece nuestras oraciones al Altísimo,
para que cuanto antes desciendan sobre nosotros
las misericordias del Señor (Salmo 78, 8),
 y sujeta al dragón, la antigua serpiente,
que es el diablo y Satanás, y,
una vez encadenado, precipítalo en el abismo,
 para que nunca jamás pueda seducir a las naciones
(Apoc. 20).

Después de esto,
confiados en tu protección y patrocinio,
con la sagrada autoridad de la Santa Madre Iglesia,
nos disponemos a rechazar
la peste de los fraudes diabólicos,
confiados y seguros en el Nombre de Jesucristo,
nuestro Dios y Señor.

He aquí la Cruz del Señor,
huid poderes enemigos.

R. Ha vencido el León de la tribu de Judá, la raíz de David.
Señor, que tu misericordia venga sobre nosotros.

R. Como lo esperamos de Ti.
Señor, escucha nuestra oración.

R. Y llegue a Ti nuestro clamor.
(El Señor esté con vosotros. (Sólo si es un sacerdote)
R. Y con tu espíritu).
 

Oremos.

Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, invocamos tu santo Nombre y suplicantes imploramos tu clemencia, para que, por la intercesión de la Inmaculada siempre Virgen María Madre de Dios, del Arcángel San Miguel, de San José Esposo de la Santísima Virgen, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, te dignes prestarnos tu auxilio contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos que vagan por el mundo para dañar al género humano y para la perdición de las almas. Amén.
Exorcismo: Te exorcizamos todo espíritu maligno, poder satánico, ataque del infernal adversario, legión, concentración y secta diabólica, en el nombre y virtud de Nuestro Señor Jesucristo, para que salgas y huyas de la Iglesia de Dios, de las almas creadas a imagen de Dios y redimidas por la preciosa Sangre del Divino Cordero. En adelante no oses, perfidísima serpiente, engañar al género humano, perseguir a la Iglesia de Dios, zarandear a los elegidos y cribarlos como el trigo. Te lo manda Dios Altísimo, a quien en tu insolente soberbia aún pretendes asemejarte, “el cual quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (II Tim. 2). Te lo manda Dios Padre te lo manda Dios Hijo; te lo manda Dios Espíritu Santo. Te lo manda la majestad de Cristo, el Verbo eterno de Dios hecho hombre, quien para salvar a la estirpe perdida por tu envidia, “se humilló a sí mismo hecho obediente hasta la muerte” (Fil. 2); el cual edificó su Iglesia sobre roca firme, y reveló que los “poderes del infierno nunca prevalecerían contra ella, Él mismo había de permanecer con ella todos los días hasta el fin de los tiempos” (Mat. 28, 20). Te lo manda el santo signo de la Cruz y la virtud de todos los Misterios de la fe cristiana. Te lo manda la excelsa Madre de Dios, la Virgen María, quien con su humildad desde el primer instante de su Inmaculada Concepción aplastó tu orgullosa cabeza.
Te lo manda la fe de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de los demás Apóstoles. Te lo manda la sangre de los mártires y la piadosa intercesión de todos los Santos y Santas. Por tanto, maldito dragón y toda legión diabólica, te conjuramos por Dios vivo, por Dios verdadero, por Dios santo, que “de tal modo amó al mundo que entregó a su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que viva la vida eterna” (Juan 3); cesa de engañar a las criaturas humanas y deja de suministrarles el veneno de la eterna perdición; deja de dañar a la Iglesia y de poner trabas a su libertad. Huye Satanás, inventor y maestro de toda falacia, enemigo de la salvación de los hombres. Retrocede ante Cristo, en quien nada has hallado semejante a tus obras. Retrocede ante la Iglesia una, santa, católica y apostólica, la que el mismo Cristo adquirió con su Sangre. Humíllate bajo la poderosa mano de Dios. Tiembla y huye, al ser invocado por nosotros el santo y terrible Nombre de Jesús, ante el que se estremecen los infiernos, a quien están sometidas las Virtudes de los cielos, las Potestades y las Dominaciones; a quien los Querubines y Serafines alaban con incesantes voces diciendo: Santo, Santo,
Santo es el Señor, Dios de los Ejércitos.

Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.

(El Señor esté con vosotros. (Sólo si es un sacerdote)
R. Y con tu espíritu).

Oremos.
 
Dios del Cielo y de la tierra, Dios de los Ángeles,
Dios de los Arcángeles, Dios de los Patriarcas,
Dios de los Profetas, Dios de los Apóstoles,
Dios de los Mártires, Dios de los Confesores,
Dios de las Vírgenes, Dios que tienes el poder
de dar la vida después de la muerte,
el descanso después del trabajo,
porque no hay otro Dios fuera de Ti,
ni puede haber otros sino Tú mismo,
Creador de todo lo visible y lo invisible,
cuyo reino no tendrá fin:
humildemente te suplicamos
que tu gloriosa Majestad se digne
libramos eficazmente y guardamos sanos
de todo poder, lazo, mentira
y maldad de los espíritus infernales.
Por Cristo Nuestro Señor.
 
Amén.

De las asechanzas del demonio.
R. Líbranos, Señor.

Haz que tu Iglesia te sirva con segura libertad.
R. Te rogamos, óyenos.

Dígnate humillar a los enemigos de tu Iglesia.
R. Te rogamos, óyenos.

(Se rocía con agua bendita el lugar y a los presentes).

Señor, no recuerdes nuestros delitos
ni los de nuestros padres, ni tomes venganza
de nuestros pecados (Tobías 3, 3).

Padre nuestro….

Y ahora rezar la siguiente oración:


PODEROSA INVOCACIÓN PARA PEDIR PROTECCIÓN



¡Adoración! ¡Adoración! ¡Adoración!
¡A Ti oh arma poderosa!
¡Adoración! ¡Adoración! ¡Adoración!
¡A Tu Sangre Preciosa!
Misericordioso Jesucristo Agonizante,
derrama Tu Sangre Preciosa
sobre las almas.
Satisface nuestra sed,
 y vence al enemigo.
 
Amén.

Poderosa Sangre de Salvación,
combate al enemigo. (3 veces).



Y finalmente:


 

 

ORACIÓN DE COMBATE A SAN MIGUEL
 
Se llama primero a San Miguel, pidiéndole permiso al Padre celestial con el rezo de un Padrenuestro.
Luego se dice la oración
que se enseñó para estos tiempos:
 
San Miguel Arcángel:
Defiéndenos en la pelea contra Satanás
y sus demonios; sed nuestro amparo y protección;
que el Altísimo os dé el poder y el permiso
para que nos asistáis y que Dios
haga oír su voz imperiosa
para que expulse a Satanás y sus demonios
que quieren hacer perder la humanidad.
 
Que tu grito:
"Quién como Dios, nadie es como Dios",
someta a Satanás y sus demonios
bajo nuestros pies.
 
Amén.
 
 
 
 

CÉDULA DE SAN IGNACIO DE LOYOLA PARA PROTECCIÓN CONTRA EL DEMONIO

| viernes, 15 de febrero de 2013
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San Ignacio De Loyola - Cédula
 
Se exhorta a los católicos
peguen en la puerta de su casa esta cédula.



SAN IGNACIO DE LOYOLA DICE AL DEMONIO
 ¡NO ENTRES!

SAN IGNACIO DE LOYOLA tiene gran imperio contra los demonios, según lo dice la Iglesia en su oficio:
 
 IN DEAMONES MIRUM EXERCUIT IMPERIUM.
 
Por lo cual es costumbre poner
en las puertas de los aposentos,
por la parte de adentro, esta cédula.
 
El mismo demonio dijo una vez:
No puedo entrar
sólo que quites la cédula puesta en tu puerta.
 
Yo suelo aconsejarlas en las misiones
contra los asaltos e infectación del enemigo
                                          Y SATANÁS


(Ven. P. Galatuyud, S.J.)
 

En Roma y Padua,
echado de los cuerpos por virtud de San Ignacio,
exclamó el demonio dando bramidos:
 
NO ME MENTEIS A SAN IGNACIO, QUE ES EL MAYOR ENEMIGO QUE TENGO EN EL MUNDO.


P Rivadeneira. Lib. A. C.V.
 

 
CÉDULA
ANIMA CHRISTI
 



Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Agua del costado de Cristo, purifícame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh buen Jesús! Óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.


No permitas que me aparte de Ti
para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos,
Amén.
 
ORACIÓN DE SAN IGNACIO DE LOYOLA
Tomad, Señor, recibid toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento y mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer,
Vos me lo disteis a Vos Señor lo torno,
 todo es vuestro.
 
Disponed de todo a vuestra voluntad.
Dadme vuestro amor y gracia que esto me basta.



 
 INVOCACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN AL ETERNO PADRE SEGÚN SAN LUCAS

LA MAGNÍFICA

 


Glorifica mi alma al Señor.

Y mi espíritu se llena de gozo

al contemplar la bondad de Dios mi salvador.

Porque ha puesto la mirada en la humilde sierva suya,

y ved aquí el motivo porque me tendrán por dichosa
todas las generaciones.

Pues hizo en mi favor cosas grandes y maravillosas

el que es Todopoderoso
y su nombre es infinitamente santo.

Cuya misericordia se extiende

de generación en generación
a todos cuantos le temen.

Extendió el brazo de su poder,

disipó el orgullo de los soberbios
trastornando sus designios.

Desposeyó a los poderosos y elevó a los humildes.

A los necesitados llenó de bienes

y a los ricos los dejó sin cosa alguna.

Exaltó a Israel su siervo

acordándose de él por su gran misericordia y bondad.

Así como lo había prometido a nuestros padres,

a Abraham y a toda su descendencia
por los siglos de los siglos.

Así sea.

 

 
 
 


LA MEDALLA DE SAN BENITO, EXPLICACIÓN Y SUS ORACIONES

|
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La medalla de San Benito, propagada en todo el mundo hace más de 300 años, especialmente por los monjes benedictinos, es célebre por su eficacia extraordinaria en el combate contra el demonio y sus manifestaciones; en la defensa contra maleficios de todo género, contra enfermedades, especialmente las contagiosas, contra picaduras de serpientes y otros animales ponzoñosos; en la protección de animales domésticos, vehículos, etc.

Repetidas veces aprobada y alabada por los Papas, la medalla de San Benito, que une a la fuerza exorcizante de la Santa Cruz del Redentor –la señal de nuestra salvación– el recuerdo de los méritos alcanzados por la santidad eximia del gran Patriarca San Benito, es sin duda muy indicada para los fieles católicos.

 


 
La imagen de la Cruz
representada en la medalla

Basta al cristiano considerar brevemente la virtud soberana de la Cruz de Jesucristo, para comprender la dignidad de una medalla en la cual está representada.
La representación de la Cruz despierta en nosotros todos los sentimientos de gratitud para con Dios, por el beneficio de nuestra salvación.
La Cruz causa terror a los espíritus malignos, que siempre retroceden ante ella, y apenas la ven se apresuran en soltar su presa y huir. Así pues, nuestra medalla, que representa en primer lugar la imagen de la Cruz, está en perfecta armonía con la piedad cristiana, y ya sólo por este motivo es digna del mayor respeto.


La imagen de San Benito
representada en la medalla

La honra de figurar en la misma medalla junto con la imagen de la Santa Cruz fue concedida a San Benito con la finalidad de indicar la eficacia que tuvo en sus manos esta señal sagrada. San Gregorio Magno, que escribió la vida del Santo Patriarca, nos lo representa disipando con la señal de la Cruz sus propias tentaciones, y quebrando con la misma señal hecha sobre una bebida envenenada, el cáliz que la contenía, quedando así patente el perverso designio de los que habían osado atentar contra su vida. Cuando el espíritu maligno, para aterrorizar a los monjes, les hace ver el Monasterio de Montecasino en llamas, San Benito desvanece ese prodigio diabólico haciendo la misma señal de la Pasión del Salvador sobre las llamas fantásticas. Cuando sus discípulos andan interiormente agitados por las sugestiones del tentador, les indica como remedio trazar sobre el corazón la imagen de la Cruz. Por todo ello, es lícito concluir que era muy conveniente reunir en una sola medalla la imagen del santo Patriarca y la de la Cruz del Salvador.
Esto queda aún más claro al considerar que los dos grandes discípulos del siervo de Dios, San Plácido y San Mauro, cuando realizaban sus frecuentes milagros tenían la costumbre de invocar junto con el auxilio de la Santa Cruz, el nombre de su santo Fundador, y así consagraron, desde el principio, la piadosa costumbre expresada más tarde por la medalla.
 
Los caracteres que se leen en la medalla
 
 
 
 
 

Además de las imágenes de la Cruz y de San Benito, la medalla trae también cierto número de letras , cada una de las cuales representa una palabra latina. Las diversas palabras reunidas tienen un sentido que manifiesta la intención de la medalla: expresar las relaciones que existen entre el santo Patriarca Benito y la Santa Cruz; y al mismo tiempo, poner al alcance de los fieles un medio eficaz de emplear la virtud de la Santa Cruz contra los espíritus malignos.

Esas letras misteriosas se encuentran dispuestas en la cara de la medalla en que está representada la santa Cruz. Examinemos, en primer lugar, las cuatro colocadas entre los brazos de dicha Cruz:

C S

P B

Significan: Cruz Sancti Patris Benedicto; en castellano, Cruz del Santo Padre Benito. Esas palabras explican el fin de la medalla.

En la línea vertical de la Cruz se lee:

C

S

S

M

L

Lo que quiere decir: Cruz sacra sit mihi lux; en castellano, La Cruz sagrada sea mi luz.
En la línea horizontal de la misma Cruz, se lee:

N. D. S. M. D.

Lo que significa: Non draco sit mihi dux; en castellano, No sea el dragón mi guía.
Reuniendo esas dos líneas se forma un verso pentámetro, mediante el cual el cristiano expresa su confianza en la Santa Cruz, y su resistencia al yugo que el demonio querría imponerle.
Alrededor de la medalla existe una inscripción más extensa, que presenta en primer lugar el santísimo nombre de Jesús, expresado por el monograma bien conocido: I. H. S. (En el modelo más conocido de la Medalla de San Benito el monograma I. H. S. fue reemplazado por el lema benedictino PAX; en castellano, Paz). Vienen después, de derecha a izquierda, las siguientes letras:
 
V. R. S. N. S. M. V. S. M. Q. L. I. V. B.
 
Estas iniciales representan los dos versos siguientes:
 
Vade retro satana; nuncuam suade mihi vana
 
Sunt mala quae libas; ipse venena bibas.
 
En castellano: Apártate, satanás; nunca me aconsejes tus vanidades, la bebida que ofreces es el mal: bebe tú mismo tus venenos.
 
Tales palabras se supone que fueron dichas por San Benito: las del primer verso, con ocasión de la tentación que sintió y de la cual triunfó haciendo la señal de la Cruz; las del segundo verso, en el momento en que sus enemigos le presentaron una bebida mortífera, hecho que puso al descubierto bendiciendo con la señal de la vida el cáliz que la contenía.
 
El cristiano puede utilizar estas palabras cuantas veces fuere asaltado por tentaciones e insultos del enemigo invisible de nuestra salvación. El mismo Jesucristo Nuestro Señor santificó las palabras Vade retro, satana –Apártate, satanás– y su valor es cierto, una vez que el propio Evangelio nos lo asegura. Las vanidades que el demonio nos aconseja son las desobediencias a la ley de Dios, las pompas y falsas máximas del mundo. La bebida que el ángel de las tinieblas nos presenta es el pecado, que da muerte al alma. En vez de aceptarla, devolvámosle tan funesto presente, ya que él mismo lo escogió como herencia suya.
 

Basta que alguien pronuncie con fe tales palabras, para sentirse inmediatamente con fuerzas para arrostrar todas las embestidas del infierno. Aun cuando no conociéramos los hechos que demuestran hasta qué punto satanás teme esa medalla, la simple consideración de lo que representa y expresa, bastaría para que la consideráramos una de las más poderosas armas que la bondad de Dios puso a nuestro alcance contra la malicia diabólica.
 

Uso de la medalla de San Benito
 

No ignoramos que en este siglo mucha gente considera que el demonio es más bien un ser imaginario y no real; y así, puede parecer extraño que se acuñe y se bendiga una medalla, empleada como protección contra los ataques del espíritu maligno. Sin embargo, las sagradas Escrituras nos ofrecen innumerables pasajes que dan una idea del poder y la actividad de los demonios, así como de los peligros de alma y cuerpo a que estamos continuamente expuestos por efectos de sus celadas. Para aniquilar su poder no basta ignorar a los demonios y sonreír cuando se oye hablar de sus operaciones. No por eso dejará de continuar el aire siempre lleno de legiones de espíritus de malicia, conforme enseña San Pablo; y si Dios no nos protegiese, aunque casi siempre sin que lo sintamos, por el ministerio de los Santos Ángeles, sería para nosotros imposible evitar las innumerables celadas de estos enemigos de toda criatura de Dios.
 
Ahora bien, el poder de la Santa Cruz contra satanás y sus legiones es tal, que la podemos considerar un escudo invencible que nos hace invulnerables a sus flechas.
 

Concluimos entonces cuán ventajoso resulta emplear con fe la medalla de San Benito en las ocasiones en que más temamos los embustes del enemigo. Su protección, no lo dudemos, será eficaz contra todo tipo de tentaciones. Numerosos e innegables hechos señalaron su poderoso auxilio en miles de circunstancias en las cuales, o por acción espontánea de satanás, o por efecto de algún maleficio, los fieles estaban a punto de sucumbir ante un peligro inminente. Podremos igualmente emplearlo a favor de otros, como medio de preservación o de liberación, en previsión de los peligros que deban afrontar.
 
A menudo nos amenazan accidentes imprevistos, en tierra o en mar; si llenos de fe llevamos con nosotros la medalla, seremos protegidos. No hay circunstancias de la vida humana, por más materiales que fueren, en que ya no se haya manifestado por su intermedio, la virtud de la Santa Cruz y el poder de San Benito. Así, espíritus malignos, en su odio contra el hombre, embisten contra los animales empleados en su servicio, contra los alimentos que deben sustentar la vida; su intervención maléfica es muchas veces la causa de las enfermedades que padecemos; ahora bien, prueba la experiencia que el uso religioso de la medalla, acompañado por la oración, opera muchas veces el cese de las celadas satánicas, y un notable alivio en las enfermedades, y a veces hasta una curación completa.


ORACIÓN PARA PEDIR LA PROTECCIÓN
DE SAN BENITO

Santísimo confesor del Señor; Padre y jefe de los monjes, interceded por nuestra santidad, por nuestra salud del alma, cuerpo y mente.
Destierra de nuestra vida, de nuestra casa, las asechanzas del maligno espíritu. Líbranos de funestas herejías, de malas lenguas y hechicerías.
Pídele al Señor, remedie nuestras necesidades espirituales, y corporales. Pídele también por el progreso de la santa Iglesia Católica; y porque mi alma no muera en pecado mortal, para que así confiado en Tu poderosa intercesión, pueda algún día en el cielo, cantar las eternas alabanzas. Amén.
Jesús, María y José os amo, salvad vidas, naciones y almas.
Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.



NOVENA BREVE PARA PEDIR UNA GRACIA



Rezar durante nueve días consecutivos la siguiente oración:


OH San Benito, mi protector bondadoso y de cuantos van a ti en sus apuros. Intercede por mí a Dios para que alivie mis sufrimientos y dificultades que ahora me agobian


(pídase aquí la gracia que se desea obtener)


Te lo pido con toda confianza.


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.







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